
La Era Traoré: Entre el cambio y el poder
Autor: Jose Eduardo Freire
El capitán Ibrahim Traoré se convirtió en el jefe de Estado más joven del mundo al asumir el poder con 34 años en 2022, tras derrocar al gobierno burkinés de Paul-Henri Sandaogo Damiba por su incapacidad para contener de manera efectiva la insurgencia yihadista. Aunque su administración presenta rasgos no democráticos, porque se presenta como transitorio, su llegada al poder impulsó un renovado sentimiento panafricanista y desencadenó un efecto dominó en la región del Sahel, visto en casos como la creación de la AES.
Antes de continuar, conviene aclarar qué es el panafricanismo. La RAE lo define como un movimiento que promueve la unidad y las relaciones entre los países africanos"; pero, si bien es cierto que la integración africana es uno de sus objetivos, el panafricanismo trasciende esa idea. De este modo, se considera generalmente que sus raíces se remontan al siglo XIX y no pueden atribuirse a un único fundador.
Por lo tanto, Traoré no es el primer líder declarado panafricanista en Burkina Faso. Entre 1983 y 1987, Thomas Sankara lideró el país bajo el mismo pensamiento. Aunque existe una clara diferencia: Sankara articulaba su panafricanismo desde un marxismo revolucionario y antiimperialista (que desembocó en su asesinato), mientras que Traoré lo hace desde un nacionalismo militar pragmático y sin etiqueta ideológica clara.
Retomando su impacto, Burkina Faso ha experimentado cambios estructurales a corto plazo, como la nacionalización de recursos naturales (en especial minas de oro que representan cerca del 12% del PIB) y una cosecha récord de seis millones de toneladas de cereales, reflejando un claro esfuerzo por lograr la autosuficiencia tanto económica como agrícola.
Sin embargo, el país enfrenta obstáculos profundos: la persistente influencia francesa asociada al Franco CFA, los más de 2.6 millones de desplazados por la violencia yihadista, la caída de la inversión extranjera y un flujo turístico extremadamente bajo, de 0.0047 turistas por residente, resaltan que tres años de liderazgo no pueden resolver mágicamente problemas que tienen décadas en el país; hay mucho trabajo por hacer.
Haciendo referencia al efecto dominó, los golpes de Estado en Burkina Faso, Mali y Níger crearon el contexto político que permitió la formación de la AES y motivaron su decisión de abandonar la CEDEAO, un organismo cuestionado por mantener políticas neocoloniales. Este resurgimiento de discursos soberanistas y panafricanistas no se limita al Sahel; también ha influido en crisis políticas recientes en países como Guinea-Bissau y Chad, donde las fuerzas armadas han adoptado una retórica independentista, no obstante con resultados diferentes.
Es por esto que, a mi criterio, el capitán debería reconsiderar dos aspectos centrales: primero, la orientación de sus alianzas, en especial con Rusia y sus socios, ya que esa cooperación corre el riesgo de transformarse en una relación de dependencia, contradiciendo el objetivo de soberanía que el país afirma buscar. De forma similar, deberá definir su proyecto político, que si bien combina avances verificables con un liderazgo militar, sigue siendo una forma de gobierno que no debe ser pensada como una opción permanente, ya que su legitimación dependerá de si puede o no cumplir todo lo que se prometió cuando se hizo el golpe de Estado.
