Estado de Excepción vs Toque de Queda: ¿Es lo mismo?

11.05.2026

Autor: Gabriel Crespo

La reiterada aplicación del estado de excepción y del toque de queda en Ecuador, reabre el debate sobre su verdadera eficacia frente a la inseguridad; mientras que en su aplicación persisten fallas estructurales de organización, planificación y conducción estatal.

Antes de entrar en consideraciones particulares y análisis de la actual estrategia de seguridad planteada por el presidente Daniel Noboa, es necesario distinguir al estado de excepción del toque de queda, donde en repetidas ocasiones puede existir confusión. Al mismo tiempo, este repaso facilita el análisis de la situación actual en Ecuador, dotando de mayor perspectiva para poder debatir la eficacia de estas medidas.

En primer lugar, lo más importante es entender que el estado de excepción es un mecanismo extraordinario con sustento legal en la Constitución; mientras que el toque de queda es una medida de restricción de movilidad integrada en esta decisión. Es decir, se puede contemplar un toque de queda o no, siendo este último posible de decretar únicamente dentro de un estado de excepción. Así lo establecen los artículos 164 y 165 de la Constitución de la República, donde se describen los detalles del estado de excepción con sus medidas.

No obstante, por la situación actual que atraviesa Ecuador, se tiende a pensar que únicamente ambos mecanismos se relacionan con periodos de violencia o conflictos armados internos, cuando también se pueden decretar por otras razones como agresión (ataque interno o externo), calamidad pública o desastres naturales. El ejemplo más cercano es el estado de excepción decretado, junto a sus toques de queda, durante la pandemia del COVID-19 en el 2020.

¿Por qué la diferencia y qué implican ambos casos? Esta separación y regulación estricta de uso se debe a la existencia de un Estado de Derechos y Justicia, como lo es Ecuador, donde se pone sumo énfasis en el reconocimiento y en las garantías de los derechos fundamentales. De esta forma, restringir la movilidad mediante un toque de queda implica suspender uno de estos derechos esenciales, lo que únicamente se puede realizar bajo un estado de excepción.

Una vez comprendidos estos aspectos teóricos, se puede entrar en el debate actual que gira en torno a la eficacia de estas medidas en Ecuador.

En primer lugar, las elecciones del 2023, tras las cuales resultó electo el actual presidente Daniel Noboa, mostraron una realidad que no se puede negar: el ecuatoriano sentía miedo. Fue un momento clave en la historia del país, con un brote de violencia y masacres carcelarias cada vez más fuertes, y la sombra del crimen y narcotráfico cubriendo el país gradualmente. No solamente existía este problema cada vez más grave, sino que también se evidenciaba el quiebre de la seguridad jurídica, la desunión interna y la corrupción.

El ciudadano eligió a Daniel Noboa principalmente por su compromiso de luchar contra el crimen organizado. La popularidad de Noboa en redes sociales, el recuerdo colectivo de su apellido y su trayectoria profesional en Estados Unidos fortalecieron la idea de que él sería la solución efectiva para el gran problema de Ecuador.

Sin embargo, Ecuador cerró 2023 como el país más violento de Latinoamérica, superado después en 2025. Sin contar con la crisis de energía y de salud, el hecho de no haber podido solucionar o al menos aliviar el peso del crimen organizado, ya supuso una pérdida de popularidad y reacción en la ciudadanía. La Consulta Popular y el Referéndum de 2025 confirmaron esta reacción en contra de cómo el Gobierno estaba gestionando la crisis actual y mostró claramente que la organización y los planes de acción debían cambiar radicalmente.

Hasta el día de hoy, el Presidente Daniel Noboa ha decretado aproximadamente 11 estados de excepción, y entre 5 a 9 toques de queda, en lo que lleva de mandato. Y aunque siempre tras estas medidas se presentan informes de resultados, ¿realmente el país se siente protegido o percibe un cambio general en la situación de inseguridad?

El problema de Ecuador parece radicar no en una falta de contactos o de ayuda externa, ni siquiera en escasez de operativos o equipamiento militar, sino de organización, planificación y unión. Mientras esto siga sin solución, todo estado de excepción y toque de queda será en vano.


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