
“La victoria tiene cientos de padres pero la derrota es huérfana”
"There's an old saying that victory has a hundred fathers and defeat is an orphan". Esta célebre frase atribuída a John F. Kennedy, describe con precisión la tendencia inherente en la política de adueñarse del éxito y eludir la responsabilidad ante el fracaso.
Autor: José Daniel Carrión Valdéz
La máxima resonó con una intensidad palpable en el escenario político ecuatoriano tras la pasada Consulta Popular y Referéndum de noviembre de 2025, cuyos resultados han reconfigurado el panorama de poder y generado una intensa disputa narrativa.
El rotundo rechazo ciudadano a la totalidad de las preguntas planteadas por el Ejecutivo ha desatado una frenética carrera por el crédito de esta victoria política (victoria desde el punto de vista de los opositores). Apenas se hicieron públicos los resultados, un enjambre de organizaciones políticas y sociales se apresuraron a reclamar la paternidad del triunfo del 'No'. Desde las filas del correísmo, que vio en este proceso una oportunidad para medir y reafirmar su fuerza opositora, hasta los movimientos indígenas, históricamente críticos con el poder central, todos emergieron de inmediato para atribuirse el premio de este revés gubernamental. La necesidad de convertirse en estos "padres" otorga una percepción de un éxito rotundo, un golpe contundente a la administración de turno que todos desean capitalizar para futuras contiendas electorales.
Mientras la victoria es activamente reclamada, la derrota se mantiene en el más absoluto desamparo. La narrativa oficial, emanada desde el seno del Gobierno, se ha concentrado en evitar reconocer el resultado de las urnas como un revés político o, peor aún, como una desaprobación directa a su gestión. El discurso se articula bajo el argumento de respeto a la institucionalidad y la voluntad popular, en donde el Presidente de la República publicó en su cuenta de X: "Estos son los resultados… Nosotros respetamos la voluntad del pueblo"; una declaración que, si bien suena democrática, funciona como un escudo retórico para esquivar la implicación de un voto de desconfianza. De manera similar, los principales voceros y promotores de la campaña por el 'Sí' han optado por el silencio o por justificaciones superficiales, evadiendo la responsabilidad por la falta de conexión con el electorado o la ineficacia de su estrategia de comunicación.
Sin embargo, el análisis más profundo del veredicto de las urnas revela un elemento crucial, el cual nos dice que el ciudadano ecuatoriano actuó con una notable autonomía y madurez política. El resultado de la Consulta Popular demuestra que la población decidió por sí misma, sin la injerencia definitiva de los intereses políticos que, tradicionalmente, buscan polarizar y fragmentar a la nación para beneficio propio.
Este desenlace debe interpretarse como una clara y contundente advertencia a toda la clase política que busca conseguir y mantenerse en el poder mediante el asqueroso populismo. El voto por el 'No', no debe ser malinterpretado como un apoyo incondicional a la oposición en bloque, ni como un cheque en blanco para el correísmo o los movimientos sociales que reclaman el triunfo; es, más bien, una advertencia que la ciudadanía ha accionado contra lo que percibe como una gestión estatal improvisada, carente de una hoja de ruta clara y una comunicación real con la gente.
La población ha dejado en claro que su voluntad ya no pertenece de manera exclusiva a ningún partido político tradicional o emergente. Ha evidenciado una independencia crítica, dispuesta a penalizar la incompetencia o la falta de transparencia, independientemente de quién esté en el poder. El triunfo del 'No', es en esencia la victoria de una ciudadanía que ha alcanzado una madurez política significativa, capaz de ejercer su soberanía más allá de las camisetas, convirtiendo a las urnas en un verdadero mecanismo de control y equilibrio de poder.
Quien quiera gobernar Ecuador en el futuro deberá entender que la ciudadanía ya no se contenta con lemas vacíos, sino que exige resultados tangibles y una gestión responsable.
