
De Monroe a Donroe
Autor: Jose Eduardo Freire
Operaciones como Absolute Resolve, Epic Fury y el endurecimiento del embargo hacia Cuba, reflejan algunas de las decisiones más relevantes de Estados Unidos en el último año. Estas acciones no son aisladas, sino que pueden interpretarse como parte de un cambio en la forma en que Washington define su rol dentro del sistema internacional.
Con la llegada de la administración de Donald Trump, se han redefinido prioridades estratégicas, reinterpretado la política exterior y reforzado el énfasis en el interés nacional dentro de la estrategia hemisférica. Más que una "doctrina Donroe", este enfoque puede entenderse como una actualización de la Doctrina Monroe.
Para entender este giro, es necesario remontarse a 1823. La Doctrina Monroe, formulada en gran parte por el Secretario de Estado, John Quincy Adams, buscaba evitar la intervención europea en América, basándose en tres principios: separación de esferas de influencia, rechazo a nuevas colonias europeas y oposición a la intervención externa en los asuntos internos de los Estados americanos. En su origen, fue principalmente una declaración política sin capacidad material de ejecución. Posteriormente, el Corolario Roosevelt amplió esta lógica, incorporando una justificación más activa para la intervención en determinados contextos.
El denominado "corolario Trump" retoma esta tradición, con un mayor énfasis en la acción directa. En este marco, la presión económica, las operaciones encubiertas y el uso de capacidades militares se integran como instrumentos centrales de política exterior. Esto se aproxima a una lógica de "disuasión por acción", donde el comportamiento de otros Estados se busca influir mediante acciones concretas.
El caso venezolano permite observar esta dinámica. La Operación Absolute Resolve puede interpretarse como el resultado de una escalada progresiva. En una primera fase, se intensificaron sanciones financieras y medidas de presión sobre el sector energético. Posteriormente, se incorporaron acciones dirigidas contra redes vinculadas al crimen organizado, incluyendo estructuras como el Tren de Aragua. Finalmente, se ejecutó una operación militar de alta precisión en Caracas, con el objetivo de capturar a Nicolás Maduro. Esta secuencia sugiere un patrón de escalamiento gradual con intervenciones focalizadas.
En comparación con el enfoque multilateral asociado a la administración de Joe Biden, la estrategia actual se articula en torno a tres ejes: combate al narcotráfico y la migración irregular, contención de actores externos como China, Rusia e Irán, y reafirmación de América Latina como área de interés estratégico. Aunque presenta coherencia interna, este enfoque se asemeja más a una lógica operativa que a una doctrina formal en sentido clásico.
En el plano regional, este enfoque se asocia con una mayor diferenciación entre los países de América Latina. Más que generar consenso, ha coexistido con alineamientos diversos en función de las prioridades de política exterior de cada Estado.
Por un lado, países como Colombia, México y Brasil han buscado diversificar sus relaciones económicas y políticas, reduciendo su dependencia relativa de Estados Unidos y participando en espacios como los BRICS+. En el caso de Brasil, se han fortalecido los vínculos con China, su principal socio comercial, manteniendo al mismo tiempo una posición prudente frente a operaciones como Absolute Resolve.
Por otro lado, Ecuador, Argentina y Chile han desarrollado un mayor nivel de cooperación con Estados Unidos, particularmente en materia de seguridad, intercambio de inteligencia y apoyo logístico frente al crimen organizado. En este contexto, dicha cooperación puede entenderse como una respuesta a desafíos internos de seguridad, aunque también implica ajustes en el grado de autonomía en política exterior.
En conjunto, la región muestra una tendencia hacia la diferenciación estratégica. Esto plantea una interrogante relevante: si este enfoque será aplicado de manera uniforme en el hemisferio o si su implementación variará según el grado de alineamiento de cada país con la agenda de Washington.
